“Todo tiene relación con todo”, 1a Ley de la Ecología

¿Será casualidad que, el día 21 de marzo, día del equinoccio de primavera, es el día de la poesía, pero también el día internacional de los bosques, y que un día después sea el día mundial del agua?.

El equinoccio es un fenómeno astronómico en donde el día tiene la misma duración con la noche. Para los Mayas, cada 21 de marzo era importante, porque marcaba en la primavera, el ciclo de preparación para la siembra. Era una fecha en que astronomía, matemática, cronología, religión, agricultura y arquitectura confluían, ya que en el diseño de sus ciudades y espacios, incorporaban ese elemento, muchos de sus “edificios” fueron construidos para celebrar esa fecha, en la que  Kukulcan  Quetzalcoat baja a la tierra a bendecir los esfuerzos de hombres y mujeres para el cultivo, especialmente del maíz, ejemplo de ello es el Castillo de Chichén Itza, donde todavía se puede apreciar visualmente, cada 21 de marzo, la fusión del cielo con la tierra. Es decir el 21 de marzo era una fecha cultural.

Los recientes Convenios ratificados por El Salvador en el 2012: (i) Convención para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Innmaterial, y (ii) de la Convención sobre  la Protección y Promoción de la Diversidad y Expresiones Culturales, publicados en el Diario Oficial del 10 de julio de 2012, reconocen que, los “conocimientos y usos relacionados con la naturaleza y el universoson ámbitos de patrimonio cultural intangible, pero que en la práctica se vuelven tangibles, por esa misma tendencia humana de plasmar en la materialidad, aquello que se concibe desde la inmaterialidad, tal es el caso del ejemplo de Chichen Itza.

La Carta de Cultura Iberoamericana, reconoce que “la cultura, naturaleza y ambiente están íntimamente relacionados”, de tal forma que se hace necesario fomentar la cultura de la sustentabilidad. De igual forma, la definición de medio ambiente y área natural protegida, en las leyes de medio ambiente y áreas naturales protegidas, de los países centroamericanos, establecen esa fusión entre ambiente y cultura, es decir entre esos elementos existentes en el entorno y la forma en que los apreciamos y nos justificamos con ellos.

¿Pero cómo fomentar esa cultura de la sustentabilidad, desde una visión utilitaria y material como la que el mundo occidental nos ofrece?. Sólo para poner un ejemplo: los árboles son especies bióticas (que tienen vida), que entran en la calidad de “recursos naturales renovables”, al igual que el agua, que por el ciclo hidrológico tiene esa categoría  de recurso renovable, (ya solo el hecho de llamarlo recurso condiciona el pensamiento de lo utilitario y que en consecuencia puede ser usado para satisfacción de necesidades, ¿de quién?, obviamente del ser humano).

Bajo la visión de las culturas ancestrales el árbol era un símbolo de la conexión del inframundo, el mundo terrenal y el mundo celestial. De hecho cronistas de la conquista como Nuñez de la Vega, relataron cómo pueblos, del ahora sur de México, consideraban que la Ceiba tenía esa conexión entre los 3 planos antes referidos, razón por la cual para cortar un árbol se convocaba al pueblo, se  saludaba al árbol, se le pedía perdón y permiso para cortarlo, además se le consolaba para que no se enojase, una situación que ahora en nuestras realidades solo puede encontrarse en los versos o prosas de una estructura poética y en algunos lugares de la zona rural de nuestro país, donde todavía se habla con los árboles y en ocasiones se les ultraja y “planasea con el corvo”, ofreciéndole colgar zapatos viejos, para que sienta vergüenza, especialmente si el árbol es “machorro” y no ha dado fruto (queriendo verlo desde Salarrué).

¿Qué simbología hay detrás de un 21 de marzo, donde confluye la poesía, los árboles y el equinoccio de primavera?

En un mundo dominado por la interpretación de la razón, que vuelve locura la existencia, solo el volver a la aceptación de lo “inefable” (aquello que es indecible, que no se puede explicar con palabras) puede permitir el retorno a esa concepción espiritual de la vida; puede permitirnos construir una cultura de sustentabilidad, porque solo aceptando la explicación de aquello que no tiene razones, podemos comprender, desde el corazón, el desamor y egoísmo que existe al ubicar a los seres sintientes, como los árboles, en esa categoría de RECURSO.

Creo que esa será uno de los reconocimientos y labores futuras de la poética, reconocerle su potencial como formadora de una cultura sustentable, evocando en sus receptores vivencias indescriptibles, es decir inefables, que traducen en especial la experiencia estética, la forma más profunda de la comunicación humana, semejante a la puesta de sol en un equinoccio de primavera.

¡Felicidades en su día a los poetas, a los bosques, el agua y a los que nacieron un equinoccio de primavera!

 

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